El sex appeal o cómo invocar a la lujuria

Lujuria, deseo sexual, ese huracán que nos envuelve cuando vemos a alguien que nos atrae. Para saber cómo funciona la lujuria en nuestro cuerpo, necesitamos entender a las hormonas.

En el ser humano, la lujuria o el deseo sexual cambia un poco entre hombres y mujeres. En los varones, llegar a un estado lujurioso es mucho más fácil y a las mujeres parece que les cuesta un poco más, sin embargo, cuando han llegado a el, lo mantienen durante mucho más tiempo.

Se han realizado experimentos en los que el hombre ante la presencia de un reclamo sexual como puede ser lencería erótica, elegían llevar gafas de sol diferentes y llamativas, con las que destacaban más, al igual que lo hace el pavo real con sus plumas. También, eran capaces de aumentar sus habilidades artísticas tras una subida de testosterona. De modo que la creatividad parece estar relacionada con el aumento de esta hormona en el cuerpo y es fruto de la lujuria.

Así pues, la testosterona se relaciona con el cortejo y suele aumentar automáticamente, como si fuese el acelerador de un coche. El cerebro a través de la amígdala empieza a segregar dopamina, la hormona del placer. Este primer impulso sexual, después, puede ser controlado por el cerebro más racional. En la mujer, el proceso es más lento, pero más duradero.

También la lujuria hace gala de extinción en algunos casos. Son personas que no manifiestan deseo sexual. Simplemente no se interesan por el sexo, o son asexuales. Sólo un 1% de hombres y mujeres lo sufren. Curiosamente, también se puede dar la situación opuesta: un deseo sexual y libido disparada, que según algunos estudios, puede estar causada por una mutación en uno de los genes que controla la dopamina.

Las hormonas, culpables del deseo sexual nos mantienen en un vaivén de emociones y nos hacen entregarnos en cuerpo y alma a ser lujuriosos, pero siempre depende de ti dejarte llevar.